viernes, 10 de febrero de 2012

CABECERA

Todo texto que tenga en sí un discurrir o una diégesis temporal, que implique una lectura temporal o posea el tiempo como esencia de su arte requiere de un comienzo: una novela, un ballet, una canción, una película… y también este blog. Por eso he elegido comenzar esta bitácora con una referencia a las cabeceras o títulos de crédito que introducen las películas y los programas de televisión.

En la narrativa audiovisual las primeras imágenes de un texto se denominan punto de ataque . Desde luego, no son unas imágenes cualesquiera, aunque sí muy distintas según la intención del autor/es de ese texto audiovisual. Hoy, por ejemplo, se “ataca” con el incidente desencadenante, con un fragmento del clímax adelantado, con un resumen de las imágenes más impactantes del episodio que vamos a ver…, momentos narrativos que pueden ir o no acompañados de los títulos de crédito.

Tiempo atrás, en cambio, cuando el ritmo de vida era más pausado y los espectadores tenían menos velocidad de lectura o ejercitaban una lectura más reflexiva, el punto de ataque de un relato o de un programa audiovisual era su cabecera: imágenes fuera de la diégesis propiamente dicha acompañadas de los títulos de crédito. En las películas, estas imágenes servían para introducir emocionalmente al público en la ficción, de modo que la música, la tipografía de las letras, la imagen de fondo, etc. daban el género. Era como la canción de cuna que precede y facilita que el niño caiga en el sueño. Las cabeceras incluso se convirtieron en un arte en sí. Son célebres los títulos de crédito de Saul Bass (1920-1996) para El hombre del brazo de oro (1955) y Vértigo (1958).

La ficción televisiva, marcada por su seriación semanal, dio lugar a un tipo de cabecera que básicamente pretendía mostrar el elenco y recodar la premisa de la serie (de qué va: de periodista, de policías, de médicos…). Por eso consistía, a grandes rasgos, en los personajes “actuando” en sus espacios habituales. En ocasiones hasta se rompía la cuarta pared, es decir, el actor/personaje miraba a cámara y nos sonreía.

En el enlace de las series Lou Grant (CBS, 1977-1982) y Periodistas (Telecinco, 1998-2002) pueden verse dos ejemplos. La primera ganó 13 premios de la academia de televisión y en España tuvo tanto éxito (era la época de la paleotelevisión) que la mayoría de los periodistas que hoy tienen entre 45 y 55 años lo son por esa serie.



Además el lector descubrirá una manifestación de lo que el teórico francés Gérard Genette (1930-), en su obra Palimpsesto (1982), llama transtextualidad : todo texto contiene en sí otros textos. Es decir, la cabecera de Periodistas es una constatación de que, más de cien años después de la invención de la fotografía y del cine, en un mundo dominado por la imagen publicitaria y la comunicación audiovisual, “el fondo de toda imagen es otra imagen”, que diría Serge Daney (1944-1992). Dejo que el lector decida si quienes diseñaron la cabecera de Periodistas plagiaron la de Lou Grant o hicieron un homenaje (una alusión).

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